¡Bienvenido al club! No se si llegaste a este club siendo esperado, o por accidente. Si te trajeron engañado o simplemente porque nadie quería estar en tu lugar. Puede que hayas sido la opción número 1, o la única opción.

Hablando en serio, servir al Señor ministrando a los jóvenes es un privilegio y también una gran responsabilidad.

Es un viaje de aventura, riesgo y descubrimiento; un llamado inadecuado para aquellos que son débiles de corazón. Sin embargo, a pesar de los desafíos, a pesar de la probabilidad de que la tarea que hagas no sea reconocida y de las temporadas de oscuridad y desaliento, el ver a Dios obrando en ti y a través de ti en tus jóvenes mientras caminan juntos, se vuelve una aventura increíble y una experiencia de la cual jamás te arrepentirás.

Tu llamado

El llamado de Dios es difícil de explicar pero imposible de ignorar. Es una convicción persistente y conciente que te pide que hagas algo. El llamado no viene desde afuera, sino desde adentro, como si en lo más profundo de tu interior exista una palabra que te hable a los gritos desde allí. Esta voz que representa tu llamado, puede expresarse de diversas maneras: tu pasión por los jóvenes, tu capacidad innata, más allá de tu personalidad, que te permite relacionarte efectivamente con ellos, y el sentido de realización y alegría que invade tu alma cuando estás con los jóvenes. Es el gran acierto de tu vida que te llena con un sentido de pertenencia y calidez por sentir que estás en el lugar correcto. Se trata del emocionante llamado al ministerio juvenil.

Disfruta de tu llamado, disfruta de ser quien eres. No entres en el juego de las comparaciones. Recuerda que no se trata de la edad, ni de que seas “cool”, o de que te vistas con pantalones ajustados y camisetas con escote v profundo. Se trata de tu profundo amor por ver a los jóvenes enamorarse de Jesús y transformar su entorno.

Cuando te sientas incompetente, recuerda que tu identidad, dones y llamado vienen de parte de Dios, deshazte de tus sentimientos de incompetencia. Si El te equipa, ¿cómo puedes fracasar? Si El te da las palabras, ¿cuál es tu preocupación? Si El va delante tuyo, estarás bien.

Primero lo primero

El hecho de que estés ayudando a otros a crecer espiritualmente, no te garantiza que tú estés creciendo.

La suma de actividades te tendrá ocupado haciendo el trabajo para Dios, y es posible que te pierdas lo esencial que es ser  una persona de Dios. Invierte en tu vida espiritual. Es tan obvio que parece innecesario mencionarlo, sin embargo recordemos que la vida cristiana se trata de nuestra relación con Jesús, de pasar tiempo con El y de aprender de Él. Así que nuestro valor como individuos no está determinado por lo que hacemos para Dios, sino más bien por nuestra relación con El. Quiénes somos, siempre es más importante que lo que hacemos. Aprende a cultivarte a través de la lectura, estudia, medita, busca a Jesús en silencio, en oración, disfruta de tu relación con El.

 

¿De qué se trata el Ministerio Juvenil?

Antes, déjame decirte de qué no se trata. No se trata de programas y estrategias increíbles, aunque son necesarios. No se trata de que los chicos sigan un listado de reglas y de cosas que deben hacer y otras que bajo ningún punto de vista deben hacer. No se trata de que tú te conviertas en su héroe ni que dependan obsesivamente de ti, aunque definitivamente te estarán observando y te llegarán a admirar. Se trata de que tú mismo desarrolles una vida de dependencia e intimidad con Jesús que se vuelva contagiosa y que ellos traten de perseguir esa intimidad por sí mismos.

El ministerio de jóvenes se trata de conectar a los chicos con Jesús, promover ocasiones para que ellos puedan encontrarse con El, experimentarlo, seguirlo y amarlo.  Es decir, que los chicos aprendan a vivir íntimamente ligados a Jesús.

Acompañarlos hacia la madurez.

Nuestra gran meta como cristianos es parecernos a Jesús. Ser transformados y conformados a la imagen del carácter de Jesús es el objetivo que perseguimos cada uno de los que hemos respondido a su llamado para nuestras vidas. Alcanzar la madurez no es otra cosa que parecernos a Jesús; pero esto no sucede de la noche a la mañana. Toma tiempo, requiere de un proceso que tiene que ver con responder a su llamado, caminar con él, escucharle, darle prioridad a lo que él quiere para nosotros y morir a nuestros deseos. (Filipenses 3:12)

Lo que realmente cuenta es que tienes la oportunidad de invertir tu vida en un grupo de jóvenes en el cual podrás sembrarte. El ministerio juvenil relacional tiene que ver con cualquier paso hacia construir una relación con los chicos de tu grupo. Puede que dirijas un grupo grande o uno pequeño, de ambas maneras, el ministerio relacional es cualquier esfuerzo para vivir verdaderamente en comunidad y compartir sus vidas juntos.

No te enfoques en la búsqueda del programa correcto. Si deseamos producir un impacto duradero en los jóvenes, lideremos como Jesús.

1 Tesalonicenses 2:8  «así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!»

El ministerio juvenil eficaz, consiste en desarrollar relaciones con tus jóvenes. Así que si estás comenzando con tu tarea, lo ideal es que tomemos en cuenta cómo Jesús se relacionó con sus jóvenes discípulos.

El ejemplo de Jesús y la relación con sus discípulos.

Los discípulos vieron a Jesús en diferentes circunstancias: lo vieron reír, llorar, cansado, sufriendo, enfadado y, a la vez, caminaron y comieron junto a él. Lo vieron hacer milagros extraordinarios, también apartarse para orar y tomar tiempo para sí mismo, evitando las multitudes, invirtiendo la mayoría de su tiempo en ellos.

A través de cada una de estas vivencias, ellos fueron formados y preparados para lo que vendría. Por su parte, Jesús invirtió tiempo, les dio instrucciones precisas, se relacionó con ellos de una manera cercana, paternal y, cuando se fue, confió en ellos, aunque aparentemente no estaban preparados para asumir tamaña responsabilidad de extender el mensaje del evangelio por las naciones. Sin embargo, le encomendó la tarea a ese grupo de hombres jóvenes con el que Él había compartido su vida por 3 años.

1. Relación de profunda cercanía

Cuando existe una relación cercana en el trato con aquellos a quienes deseamos discipular, vamos a quedar expuestos en una posición de vulnerabilidad, pero esto fortalecerá a tus jóvenes discípulos. Por esta misma razón, la relación de Jesús con sus discípulos fue creciendo con el paso del tiempo, ya que llegó a llamarlos sus amigos: «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes».

Los ministros de jóvenes efectivos no hablan mucho; pasan enormes cantidades de tiempo con algunos estudiantes, creando oportunidades para que los estudiantes experimenten a Jesús, y lo puedan conocer íntimamente.

2.- Formación por medio del ejemplo

El respaldo que la vida de Jesús daba a su enseñanza, produjo un impacto profundo en sus discípulos. Más que cualquier otro elemento, fue su propio carácter y estilo de vida lo que ejerció la más grande influencia sobre sus discípulos. Jesús no solo les enseñó a orar, sino que oró con ellos. No solo les enseñó a perdonar, sino que lo vieron perdonar cuando, desde la cruz, exclamó: «Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen.»

Podemos ver a través de su vida que el enfoque formativo no estaba solamente basado en la enseñanza, sino en vivir y representar esas enseñanzas con su ejemplo.

3. Los miró con anteojos de fe

Jesús veía a las personas, no como lo que eran en ese momento, sino como lo que llegarían a ser. Desde el principio los trató como «pescadores de hombres». Los envió a expulsar demonios, aunque no siempre tuvieron éxito. Les dio la oportunidad de alimentar a una multitud, pero ellos, atemorizados, no pudieron interpretar el desafío. Los convocó a una vigilia de oración para fortalecerlos en la lucha contra el mal, pero se durmieron. Sin embargo, nunca bajó el nivel de sus expectativas. Él sabía que algún día ellos llegarían a ser pescadores de hombres y, al fin, lo logró.

4. Les dio instrucciones, corrección y dirección.

Una parte clave de los tres años en los que Jesús caminó sobre la tierra, fue el tiempo personal de entrenamiento que tuvo con sus discípulos. Cuando vemos el tipo de ejemplos e instrucciones que él les daba, podemos darnos cuenta que, la mayoría, eran simples, claros y también prácticos. Él era espiritualmente práctico. Estaba conectado con el Padre, pero con los pies sobre la tierra; y no dudó en corregirlos, cuando fuera necesario, a fin de dar dirección y visión a sus vidas.  Jesús los instruyó acerca de todas las cosas que ellos necesitaban saber (el futuro, las amistades, la comunidad, la oración, el servicio, el tratar con el gobierno, la humildad, la pobreza, el divorcio, la lujuria, la prioridad de seguirle a él sobre la familia, etc.).

5. Jesús fue paciente

Cuando leemos los evangelios, nos damos cuenta que Jesús no perdía la paciencia con ellos. Si bien es verdad que ocasionalmente los corrigió y les llamó la atención, vemos que esto fue la excepción y no la regla. Trató con la situación del momento y después siguió adelante en su relación con ellos. Fue muy paciente y no dejó que los errores que cometieran los dejaran sin oportunidades. En todo momento vemos no solo una actitud paciente, sino también misericordiosa. Encontramos un buen ejemplo de esto en Juan 21.

¿Qué esperan los jóvenes de nosotros como sus líderes?

Las relaciones genuinas, profundas e intencionales se han vuelto una necesidad imperiosa. Tenemos una gran responsabilidad, ya que ellos necesitan compromiso, dedicación, relaciones paternales y un mentoreo intencional que sea reflejo del amor y el interés genuino de Dios por ellos.

Debemos ofrecerles más que actividades y  la participación en nuestros proyectos y metodologías. Necesitan a personas reales que les manifiesten un interés verdadero.

Que seamos ejemplo

La herramienta más poderosa que tenemos para influenciar a los más jóvenes es ser un modelo de comportamiento. Esto despierta en ellos el deseo de imitarnos y, por lo tanto, nos hace ganar acceso a sus corazones para poder hablarles. Ese derecho a hablarles e instruirles no es algo que se impone, es algo que debemos ganarnos. El proceso para llegar a obtenerlo es algo costoso y está bien que así lo sea. Si realmente queremos ser líderes en esta generación, esa posición de autoridad debe ser ganada y, a medida que motivamos a otros al crecimiento, nos forzamos a nosotros mismos a crecer.

Esta generación tiene un radar espiritual altamente sensible para detectar fácil y rápidamente la hipocresía.

Los jóvenes son muy sensibles a nuestras acciones, actitudes, valores y creencias. Por lo tanto, una inconsistencia nuestra entre lo que hacemos y lo que demandamos de ellos, nos hace perder credibilidad, y como consecuencia, el derecho a instruirles.

Vernos sin segundas intenciones

Los chicos perciben cuando estamos más comprometidos con hacerlos participar de nuestras actividades y programas, que con ellos como individuos. En muchos jóvenes esta es una razón para su aparente letargo espiritual y falta de crecimiento. Simplemente, ellos no confían en los adultos que dirigen los programas. Más allá de que les agrademos, la mayoría se retrae hasta cierto punto porque nos ven como adultos con agendas interesadas. Están convencidos de que pocos adultos realmente se preocupan por lo que sienten o necesitan. Creen que nuestro interés en ellos no es por ellos sino por nosotros.

Que su presente no nos desanime

Johann Wolfgang von Goethe dijo: «Trata a un hombre como parece ser y le harás peor. Trátale como podría llegar a ser, y le harás aquello que debería ser».

Dos grandes luchas a las que nos enfrentamos cuando trabajamos con jóvenes, son el desánimo y la decepción. Muchas veces sentiremos que nuestros mejores esfuerzos no alcanzan, que no somos lo suficientemente buenos para hacer la tarea, que nadie se da cuenta de nuestra labor y que en ocasiones las expectativas que teníamos con algún joven en quien invertimos nuestra vida, no se cumplen. Sin embargo, no debemos permitir que la decepción nos gane. Alguien nos respetará hasta el punto de querer imitarnos. Alguien deseará ser instruido por nosotros.

A lo largo de toda la Biblia encontramos historias de hombres comunes que hicieron cosas extraordinarias. En la mayoría de los casos vivieron un presente de frustración, temor y desesperanza, pero cada uno de  ellos logró sobreponerse, creyéndole a Dios, y hoy recordamos sus vidas por lo que lograron. Tomemos el riesgo de no conformarnos con el presente, lo cual sería muy fácil de hacer, sino más bien utilicemos la fe para hablar de ellos de acuerdo a lo que llegarán a ser y en quienes se convertirán. Somos un factor muy importante en esto. ¿Te imaginas lo que sucede en sus corazones cuando se dan cuenta que nosotros creemos de ellos, lo que ellos ni siquiera creen de sí mismos?

Que creamos en ellos

Mark Twain dijo: «Mantente a distancia de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, en cambio los grandes te hacen sentir que tú también puedes ser grande.»

Seguramente todos recordamos algún momento en que alguien nos animó con una palabra y creyó en nosotros, delegándonos alguna responsabilidad cuando pensábamos que no estábamos listos para cumplirla.

Estamos frente a una generación que pide a gritos ser amada, influenciada, potenciada e impulsada hacia su destino. Constantemente oímos las referencias que los adultos hacen acerca de los adolescentes y jóvenes de nuestro tiempo. He oído en innumerables oportunidades frases como: «esta generación está perdida», «no se quieren comprometer», «no están dispuestos a aceptar responsabilidades» o «son haraganes y ni siquiera saben lo que quieren en esta vida». Muchos de ellos provienen de hogares fragmentados y no tienen a sus padres presentes para afirmar sus sentimientos con palabras de apreciación. Solo en Estados Unidos el 62% de los jóvenes está creciendo sin la presencia de sus padres biológicos. Crecen sin recibir palabras amorosas que fortalezcan su autoestima y la confianza en sí mismos.

Por eso cada vez que tengamos la oportunidad de estar enfrente de ellos, digámosles: «nosotros creemos en ustedes, tenemos expectativas buenas. No vemos la hora de ver lo que Dios hará a través de sus vidas». Dios cree en esta generación y, nosotros como líderes, tenemos la gran responsabilidad de opinar lo mismo que él.

Articulo publicado en la revista www.liderjuvenil.com  Edición Marzo 2014.