«El que no vive para servir, no sirve para vivir.» Madre Teresa

No hay nada que demuestre un amor genuino y desinteresado por los demás como nuestra actitud de servicio. No es casualidad que estemos frente a la generación de jóvenes cristianos más grande en la historia de las Américas. Todos sabemos lo que ha sucedido cada vez que un grupo grande de cristianos se decide a entregar sus vidas a la causa del Evangelio. Jerusalén y la iglesia primitiva. Europa y la época de la reforma protestante. Estados Unidos durante el siglo pasado. Todos ellos fueron cuna de misioneros; hombres y mujeres que decidieron servir a su generación. Transformaron comunidades enteras con el poder del evangelio e hicieron avanzar enormemente el reino de Dios.

¿Por qué movilizarnos al servicio?

– Porque tenemos un modelo extraordinario de una vida de servicio: Jesús.

– Porque deseamos parecernos cada día más a Cristo y Él fue alguien que vivió de esa manera. Así que nuestra meta es servir a nuestra generación para que ellos puedan conocer a Jesús y su amor a través de nosotros.

– Porque nos encanta salir de la clandestinidad y mostrar su amor al mundo, sin esperar que ellos vengan antes a nosotros.

– Porque cuando servimos y mostramos un amor genuino, esto nos hace irresistibles para la sociedad. Generamos un puente que hace que la gente se predisponga a oír el mensaje de la cruz.

Desarrollemos un corazón tierno hacia aquellos en necesidad y que no conocen a Jesús. Cosas increíbles suceden cuando comenzamos a ver a la gente a través del corazón y los ojos compasivos del Padre. (Salmos 34:18)

El combustible que movilizó a Jesús aquí en la tierra fue la compasión. Si bien él tenía un propósito específico y claro por el que vino a la tierra, dar su vida para salvar a la humanidad, en muchos pasajes de las escrituras vemos cómo su agenda del día fue interrumpida cada vez que se encontraba con alguien en necesidad. Donde él iba las multitudes le seguían. Algunos, en su último esfuerzo por llegar tan solamente a tocar el borde de su manto y ser sanados. Podía caminar todo un día debajo del sol para llegar a la gente de la próxima villa. Podía estar levantado toda una noche orando por la gente que ministraría al día siguiente.

Jesús dejó que la compasión fuera parte de su agenda diaria. En varios pasajes de la Biblia encontramos frases como: «Jesús iba camino hacia… cuando le salió al encuentro alguien en medio de una necesidad…». Entonces Jesús interrumpía su viaje por un momento para dedicarle tiempo y atención a esa persona.

Seguramente hoy cuando salgas a la calle te encontrarás con alguien que necesite de tu tiempo o atención, alguien que necesite ser escuchado, alguien con hambre o con frío, alguien enfermo que necesite oración o alguien que tan solo necesite de un abrazo. Si te abres a la compasión y comienzas a ser intencional en tu caminar, le darás la oportunidad a Dios para que manifieste su amor, su sanidad y su perdón a través de ti.

Él está más que dispuesto a demostrar su amor; todo lo que necesita es que nosotros propiciemos las oportunidades.

Una de las peores tragedias que nos puede suceder es vivir una vida sin contenido, gris, sin compromiso; una vida ordinaria y común. Dios es un Dios extraordinario. Jesús vivió una vida fuera de lo común y murió de una forma totalmente fuera de lo común. Así que nosotros, como sus seguidores, no nos podemos dar el lujo de desperdiciar nuestros días viviendo vidas ordinarias.

Si nuestras vidas no son interesantes, no podremos inspirar a otros a seguir a Jesús. ¡Vivamos diferente, con significado y valor!

«Cuando murió David Livingstone, el gran misionero al África, los africanos sacaron de su cadáver su corazón y mandaron su cuerpo por barco a Inglaterra. Livingstone fue sepultado con honores en el cementerio Westminster donde distinguidos ciudadanos británicos son sepultados hasta la fecha. El día de su culto fúnebre había un hombre ebrio con ropa sucia en la calle llorando. Alguien le preguntó “Señor, ¿por qué llora?”. El respondió: “Hace años David Livingstone y yo estudiamos juntos en la misma escuela. El decidió dedicar su vida a Cristo y a una causa digna. Yo no he hecho nada con mi vida. Hoy David Livingstone será sepultado con honores. Pronto yo seré sepultado como un borracho”».

¿Qué es lo que te moviliza? ¿Qué te produce el deseo de hacer algo para cambiar la situación dominante? ¿Qué te produce dolor, rabia y despierta en ti un deseo de hacer algo? Eso se llama pasión. Utiliza tu pasión para cambiar tu entorno y tus circunstancias.