“Nuestros peores pecados surgen de nuestro temor innato de ser un don nadie.”

Si los jóvenes llegan a verse a sí mismos como Dios los ve, tendrán una autoestima saludable. Aquello que ellos creen de sí mismos en gran manera determina lo que harán. La psicóloga Joyce Brothers dice que “La auto-imagen de un individuo es el núcleo de su personalidad. Afecta todo aspecto de su comportamiento; su habilidad de aprender; su habilidad de crecer y cambiar; aún afecta su decisión en cuanto a sus amigos, cónyuge y carrera. No es una exageración decir que una auto-imagen positiva es la mejor preparación para el éxito en la vida.”

Cada uno de los jóvenes que están bajo nuestro cuidado es único, especial y tienen un llamado específico. Dios se ha tomado el tiempo de formarlos y pensarlos para este tiempo de la historia. La manera en que ellos van a disfrutar de su caminar con Jesús en esta vida y poder funcionar en su máxima expresión es descubriéndose a sí mismos en Dios. De esa manera llegaran a ser la mejor versión de sí mismos. Nuestro trabajo y aporte en ese proceso es esencial. Todo debe trabajar en pos de ese objetivo: desde las actividades y programas que realizamos, pasando por el material que les enseñamos y, por supuesto, la referencia irreemplazable de las Escrituras.

Debemos trabajar intencionalmente exponiendo a los jóvenes a ambientes y lugares en donde ellos puedan experimentar quienes son en realidad, descubrir qué es lo que disfrutan hacer, en síntesis, lugares donde sientan que pueden florecer y en donde puedan hacer su mejor contribución dando lo mejor de sí mismos.

La formación de su identidad

Quizás la gran pregunta que todo joven y adolescente se hace es: ¿quién soy yo? Y pareciera que cada una de las personas que los rodean—los amigos, los padres y aun la gente de la iglesia—cree saber más de ellos que los mismos jóvenes. Esto sucede porque, por lo general, tratan de adaptarse a cada grupo según lo que ese grupo pretende de ellos. Se adaptan a las necesidades y a las expectativas de los demás. La mayoría de los papás, en algún punto, suelen escuchar que sus hijos les dicen: “ni siquiera tú me conoces papá”. Aunque ni ellos mismos saben quiénes son, desean conocer su propia personalidad, sus habilidades, sus dones y sus pasiones.

A medida que los niños crecen, maduran en cuatro áreas generales:

1- Biológica: ellos experimentan la pubertad. Sus cuerpos cambian y se desarrollan físicamente.
Si son varones, sus voces también cambian. Ya sean hombres o mujeres, les va creciendo cabello en nuevos lugares y su cuerpo toma forma de un cuerpo adulto.
2 – Cognitiva: maduran intelectualmente. Su inteligencia se mueve del pensamiento concreto al pensamiento abstracto. Aumenta su habilidad para comprender las cosas conceptualmente.
3 – Social: comienzan a ver las relaciones de forma diferente y a valorarlas por nuevas razones. Procesan la interacción con los demás en el campo de la realidad, en lugar de la fantasía o la posibilidad.
4 – Emocional: su visión del “yo” cambia así como su capacidad de funcionar independientemente. Se vuelven más estables y adquieren mayor conciencia de sí mismos.

Investigaciones recientes que toman en cuenta estas cuatro áreas de madurez revelan algunas conclusiones muy claras en lo que se refiere a los jóvenes de hoy:

1. La mayoría de la gente joven de hoy esta biológicamente más avanzada. Físicamente están
creciendo más rápido que nunca antes. La pubertad le afecta tanto a los muchachos como a las chicas de uno a dos años antes de lo que les afectaba a los adolescentes de hace treinta años.

2. Los jóvenes están más avanzados cognitivamente. Con esto me refiero a que han consumido más datos que nunca antes. Van a la escuela a una temprana edad y son expuestos a grandes cantidades de información. La mayoría puede manejar rápidamente mensajes múltiples y asimilar información visual más rápido que los adultos.

3. Están más avanzados socialmente. Muchos tienen docenas de amigos con los que se conectan personalmente en la escuela. Después cientos de amigos con los que se conectan vía Internet. En lo que se refiere a interacción social pueden hacer mil cosas al mismo tiempo.

4. Sin embargo, en lo referente a la madurez emocional, esta generación no está tan avanzada. De hecho, nuestros estudios muestran que en esta área están más atrasados que las generaciones previas. Y podríamos decir que un porcentaje significativo está emocionalmente en retroceso.

Recientemente el profesor y sociólogo Tony Campolo dijo lo siguiente: “no creo que vivamos en una generación de jóvenes malos. Creo que vivimos en una generación que sabe demasiado a muy temprana edad”.

Es necesario que sepamos cómo es el largo proceso de formación de la identidad. Según la ciencia, mucho de esto tiene que ver con el desarrollo del cerebro. Se sabe que durante la adolescencia temprana el cerebro funciona en el campo de lo concreto, como sucede durante la niñez, y que es alrededor de los catorce años que comienza a funcionar en el campo de lo abstracto, al igual que el cerebro adulto. Es aquí cuando ellos comienzan a manifestar expresiones de compromiso adulto, sin embargo al mismo tiempo tienen comportamientos infantiles.
Esta es una etapa conflictiva especialmente para los padres y adultos que trabajan con adolescentes. Como lo expusimos anteriormente, mientras están transitando la adolescencia es muy importante que ellos sean afirmados y rodeados de seguridad y amor, siempre con los límites apropiados de parte de los padres y adultos que los rodean.

Años atrás los investigadores creían que la madurez social y cognitiva se alcanzaba en los tempranos veinte o a finales de la etapa adolescente. Hoy, la comunidad académica generalmente está de acuerdo en que el desarrollo de la vida ha cambiado tanto en las últimas décadas que recién a mitad o a finales de los veinte años un joven comienza a pensar y actuar como adulto. En la actualidad hay evidencia científica de que toma diez años (entre los quince y los veinticinco años) para que el cerebro complete el proceso y llegue a una adultez física integral. Debido a esto muchos de nuestros jóvenes ya están en sus veintes y todavía no han definido sus proyectos de vida. En algunos círculos se está hablando acerca de la incorporación de una cuarta etapa a las estaciones del desarrollo en vez de tres. Estas son niñez, adolescencia, adultez emergente o adolescencia extendida y adultez.

En términos de identidad y de independencia adulta, un joven de 23 años en la actualidad es comparado al equivalente del desarrollo de un joven de 17 años en la década del 80. Todo esto atribuido al impacto de la tecnología y a la rápida disminución de un sentido de significancia en el aporte que los jóvenes pueden hacer a sus comunidades.

¿En dónde encuentran los jóvenes su verdadera identidad?

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”. Juan 1:12

Cada joven se descubre a sí mismo cuando se encuentra con Dios y comprende lo que Dios dice y espera de él. Todos aquellos que son hechos hijos de Dios cuentan con los derechos y privilegios de un hijo. Cuando los jóvenes entienden y experimentan esta verdad pueden crecer en su estima, mejorar la imagen que tienen de sí mismos y desarrollar una vida de devoción y amor a Dios. Es por esto mismo que nosotros no debemos valorarlos según sus talentos, dones, habilidades, comportamientos o porque son buenos para hacer ciertas cosas, porque Dios no los valora de acuerdo con eso. Nosotros entendemos que son hijos amados de Dios y en eso yace su valor.

Ayudarles a descubrir a un Dios que los ama con un amor incondicional

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” Efesios 2:4-5

La demostración más grande del amor de Dios por nosotros es su amor sacrificial. Si deseamos ayudar a nuestros jóvenes a tener una buena imagen de sí mismos, llevémoslos a la comprensión de que el amor de Dios para con ellos no se fundamenta en quienes son, sino en quien es él. La Biblia dice claramente que Dios no tiene amor, sino que es amor, y ese amor no está limitado por el comportamiento de nuestros muchachos, sino que se fundamenta en lo que Dios ya ha hecho por ellos. Dios no les ama por lo que hacen, Dios les ama por lo que son. Es un amor que no demanda aprobación previa. Nada de lo que ellos hagan podrá hacer que Dios les ame más o que les ame menos. Nunca su amor por ellos estará en juego.

Muchos jóvenes se desconectan de su relación con Dios a causa de sus fracasos y errores, y sienten que Dios no podrá perdonarles lo que han hecho. Debemos ayudarles a comprender que Dios en esencia es perdonador y que, cuando confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos, él nos perdona y olvida nuestras fallas y pecados. El profeta Jeremías (31:34) dijo de parte de Dios: “Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: “¡Conoce al Señor!”, porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán
—afirma el Señor—. Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados.”

Por nuestra parte debemos saber y aceptar que en oportunidades los jóvenes nos van a fallar. Y ellos deben saber que, cuando cometan un error, no importa qué tan profundo hayan caído o lo que hayan hecho, les seguiremos amando incondicionalmente y estaremos dispuestos a ayudarles y restaurarles. Nuestras acciones de amor incondicional pueden hacer la gran diferencia en la vida de aquellos jóvenes. Les ayudarán a acentuar su fe y confianza en un Dios de amor.

Enseñarles a mirarse en el espejo de Dios

Lo que lleva a los jóvenes a tomar decisiones, en ocasiones, en contra de sus propios valores y convicciones, es el deseo de ser aceptado y de recibir aprobación de sus amigos, una de las marcas que definen la adolescencia. Cuando los jóvenes lidian con una baja autoestima, caen presos de la trampa de las comparaciones. Pasan tiempo pensando que otras personas se ven mejor, son más inteligentes, más talentosas o que tienen mejores cosas que ellos y esto empieza a formar una imagen pobre de sí mismos. Siempre encontrarán otros jóvenes que tengan cosas que ellos no tienen. Pero si tienen el corazón sano y una buena imagen de sí mismos aprenden a aceptar, a apreciar y a dar gracias porque Dios los ha hecho únicos y especiales.

En Efesios 2:10 el apóstol pablo dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Qué importante es enseñarles a verse a sí mismos como una obra de arte construida por la mano de Dios. En definitiva, nuestras acciones están determinadas por nuestra forma de pensar y de vernos a nosotros mismos.