El amor de Dios por ti no está determinado por tu comportamiento; su amor es incondicional. Nada de lo que hagas podrá hacer que Dios te ame más o menos. A veces reducimos el cristianismo a una lista de cosas que podemos hacer y otras que no. El filósofo Dallas Willard desarrolla una idea que resume la manera en que muchos de nosotros pensamos acerca de la fe. Él lo llama «el evangelio de manejo del pecado». Él comenta que no podemos minimizar el mensaje del evangelio simplemente a un manual de manejo de pecado, sino que debemos descubrir y afirmar una visión integral de la vida.

Necesitamos descubrir lo que significa confiar en Jesús y comprender que la obediencia es una respuesta a esa confianza. La palabra griega para «fe» es ‘pisteou’. En el Nuevo Testamento, ‘pisteuo’ puede traducirse con tres palabras diferentes que están muy relacionadas entre sí: «fe», «creer» y «confiar». En resumen, puedes entender la fe, haciéndote las siguientes preguntas: ¿en quién estoy depositando mi confianza? ¿Confío en mis instintos, en mis deseos, en mis convicciones o en Jesús?

Los discípulos le hicieron la siguiente pregunta a Jesús:

«¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige? Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió —les respondió Jesús» Juan 6:29

En vez de una lista de cosas que «debemos hacer» Jesús responde que lo que necesitamos es «confiar» en que él es el hijo de Dios. Esta palabra «crean» que aparece en el verso 29, es ‘pisteou’. Nuestro cristianismo no se debe fundamentar en el hacer, sino en confiar en Jesús. Él no está interesado en relacionarse con nosotros por medio de rituales o intentos por escalar la escalera de la justicia propia, sino más bien debemos acercarnos a Jesús para que, por medio de ese incremento de nuestra confianza y fe en él, podamos practicar una fe fundamentada en el amor.

Obedecemos porque amamos; no somos amados porque obedecemos.

¿Cómo profundizamos nuestra confianza? ¡Acercándonos a Jesús! No basta solo con saber que tenemos el Espíritu Santo que nos ayuda en todo obrando a nuestro favor, sino que también el sentirnos cercanos a Jesús a través de nuestra confianza en él, nos ayuda a obedecerle por amor.

Las disciplinas espirituales (orar, ayunar, hacer un devocional, etc.) son muy importantes, pero estas no nos hacen justos porque las practiquemos, sino que más bien nos enseñan a confiar y depender más plenamente en Jesús. Si nosotros leemos la Biblia porque pensamos que de alguna manera esto nos va a hacer más justos, estamos diciendo que no necesitamos que Dios nos cambie. El enfoque correcto es confiar en Dios y él promete trabajar con nosotros en todo el proceso.

Debemos ir:

De una fe basada en obras, a una fe basada en la confianza en Jesús.

De una fe basada en rituales, a una fe de obediencia por amor.

De una fe basada en el temor, a una fe basada en el amor.

De una fe basada en el activismo, a una fe basada en el descanso.

De una fe basada en la aprobación de los demás, a una fe que agrada a Jesús.

Fe para la vida diaria.

Te animo a transitar este camino de doble vía: por un lado aprende a confiar en Jesús, explora tu fe y la confianza, mientras practicas la libertad que tienes en Cristo para responder en amor. Por otro lado, recuerda constantemente el amor incondicional de Dios por ti, que no te juzga y que siempre te acepta. Nada de lo que hagas en tu peor día pondrá en riesgo o minimizará su amor por ti.
Vayamos desde las simples creencias a las fuertes convicciones. Crece en tu experiencia de relación con Cristo, quien es la verdad en persona. Desarrolla una fe activa; una fe experimental.

Las experiencias espirituales y el estar involucrados en una comunidad de fe son fundamentales en la integración de la fe a tu vida porque:

– Ves a Dios más activo, involucrado e importante para el día a día de la realidad que vives.

– La confianza de sentir cerca a Jesús en medio de tus luchas cotidianas hace que veas a Dios más grande y activo en tu vida e inmerso en tus experiencias.

– Desarrollas un mayor sentido del poder y de la soberanía de Dios, lo que te permite expresar tu relación con Dios a la vista de esos atributos.

– Tienes una mayor percepción del amor, la gracia y la fidelidad de Dios.

– Tienes una mayor certeza de la realidad de que Dios está contigo y de que él quiere lo mejor para ti, sin condenarte por tus errores.

Disfruta de este hermoso ejercicio espiritual que es la obediencia por amor a tu Dios.