¡Sí! ya sé, suena un poco asqueroso, pero no te asustes. La palabra “mocos” existe y está aprobada por la Real Academia Española.

Mocos: humor espeso y pegajoso que segregan las membranas mucosas, y especialmente el que fluye por las ventanas de la nariz.

Los discípulos vieron a Jesús en diferentes circunstancias: Lo vieron reír, llorar, cansado, sufriendo y, a la vez, caminaron y comieron junto a él. Lo vieron hacer milagros extraordinarios y también apartarse para orar. A través de cada una de estas vivencias ellos fueron formados y preparados para lo que vendría. Por su parte, Jesús invirtió tiempo, les dio instrucciones precisas, se relacionó con ellos de una manera cercana y paternal. Cuando se fue, confió en ellos, aun cuando aparentemente, no estaban preparados para asumir tamaña responsabilidad de llevar el mensaje del evangelio hasta lo último de la tierra. Sin embargo, le encomendó la tarea a ese grupo de hombres jóvenes que él había entrenado por 3 años.

Cuando se da una relación cercana en el trato con aquellos a quienes deseamos discipular, el líder queda en una posición de vulnerabilidad, pero esto fortalece a los que son discipulados. No te asustes, tu vulnerabilidad y autenticidad como líder, no te robarán autoridad.

Cuando un líder se muestra vulnerable, la esperanza de sus discípulos se incrementa, ya que ellos piensan que pueden ser como su líder. Cuando un líder se muestra perfecto y sin errores, sus discípulos se frustran, porque piensan que nunca podrán ser como él.

El respaldo que la vida de Jesús dio a su enseñanza produjo un impacto profundo en sus discípulos. Más que cualquier otro elemento, fue su propio carácter y estilo de vida lo que ejerció la más grande influencia sobre ellos.

Jesús no solo les enseñó a orar, sino que oró con ellos. No solo les enseñó a perdonar, sino que lo vieron perdonar cuando, desde la cruz, exclamó: «Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen.» Podemos ver a través de su vida que el enfoque formativo no estaba solamente basado en la enseñanza, sino en vivir y representar esas enseñanzas con su ejemplo.

La herramienta más poderosa que tienes para discipular a otros es tu ejemplo.

Un buen ejemplo despierta en ellos el deseo de imitarnos y, por lo tanto, nos hace ganar acceso a sus corazones para poder hablarles. Ese derecho a hablarles e instruirles no es algo que se impone, es algo que debemos ganarnos. El proceso para llegar a obtenerlo es algo costoso y está bien que así lo sea. Si realmente queremos ser líderes en esta generación, esa posición de autoridad debe ser ganada y, a medida que motivamos a otros al crecimiento, nos forzamos a nosotros mismos a crecer.

Los jóvenes son muy sensibles a nuestras acciones, actitudes, valores y creencias. Por lo tanto, una inconsistencia nuestra entre lo que hacemos y lo que demandamos en ellos, nos hace perder credibilidad, y como consecuencia, el derecho a instruirles. Esta generación tiene un radar espiritual altamente sensible para detectar fácil y rápidamente la hipocresía

1 Tesalonicenses 2:8 (NVI)

“…así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!”

Me emociona profundamente este pasaje que describe el corazón detrás del líder; el motor que moviliza el ministerio de Pablo. Aunque él no fue uno de los discípulos de Jesús, fue quizás, quien mejor modeló un ministerio cercano, relacional.

“Obviamente que estoy entre ustedes para desarrollar mi ministerio y cumplir con mi llamado”, parece decir Pablo, “Sin embargo, quiero que sepan, que estoy con ustedes porque los amo, me interesan como personas y deseo compartir mi vida con ustedes.”

El Doctor Julián Melgosa de la Open University de Londres afirma: “Se dice, y con razón, que el joven cierra el oído al consejo y abre los ojos al ejemplo. Cuando lo que se sostiene de palabra no es confirmado con los hechos, es lógico que no sólo se ponga en duda la fidelidad a los principios de los mayores, sino que se cuestione incluso la validez de estos principios”.

Esta generación está interesada en gente real, sincera y genuina. Están más interesados en saber que les importamos, que en escuchar nuestros lindos mensajes. Están buscando desesperadamente ejemplos para poder seguirlos. Los tiempos que estamos viviendo nos invitan a estar menos centrados en nuestros púlpitos y a darle más importancia al evangelio relacional, tal y como sucedía en la iglesia primitiva.

Las relaciones genuinas, profundas e intencionales se han vuelto una necesidad imperiosa. Tenemos una gran responsabilidad ya que ellos necesitan compromiso, dedicación, relaciones paternales y un mentoreo intencional que sea un reflejo del amor y el interés genuino de Dios por ellos.

Los chicos perciben cuando estamos más comprometidos con hacerlos participar de nuestras actividades y programas, que con ellos como individuos. Por favor no utilices a tus jóvenes como el combustible que necesitas para empujar la maquinaria de tu plataforma ministerial. Revisa tus motivaciones, asegúrate de que tienes muy claro por qué haces lo que haces.

George M. Adams dijo: “Hay momentos sobresalientes en todas nuestras vidas y la mayoría de ellos vinieron como resultado del ánimo que otra persona nos dio.”

Los jóvenes necesitan la influencia saludable de adultos responsables que tengan un corazón para instruir, discipular y entrenar. Todas las personas necesitan sentirse amadas y que otros les demuestren un interés genuino que les ayude a sentirse valoradas.

Tienen una necesidad de encontrar modelos a quienes imitar y en quienes puedan sentirse reflejados. Qué interesante es ver que generalmente esos modelos no son personalidades famosas de la farándula, sino simples hombres y mujeres que han estado con ellos en momentos específicos de sus vidas. Sabemos lo vital que es la influencia a largo plazo que se produce en ellos cuando se dan relaciones significativas y se modelan roles que son dignos de imitarse.

Cada joven lleva un letrero de neón luminoso invisible sobre su cabeza que dice: “Inspírame. Recuérdame que mi vida es importante. Invítame a dar lo mejor de mí; apela a aquello noble y honorable que haya en mí. No me lleves por la senda del menor esfuerzo. Preséntame el desafío de hacer de mi vida algo más que una carrera por el éxito o el dinero”.

Regresando a lo que les comenté al comienzo, yo creo que el manto de Jesús tenía mocos.

Si eres un líder, creo que Jesús estaría muy interesado en revisar tu closet, especialmente tus camisetas. Lo haría con la intención de encontrar mocos. El sabe que si los encuentra, está ante un líder cercano, vulnerable, un líder a quien acuden aquellos que están quebrantados, heridos y lastimados y se encuentran, no solo con un hombro donde llorar, sino también con esperanza para su vida.

Seamos líderes cercanos y relacionales. Seamos líderes de mocos en las camisetas.