¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8 (TLA)

¿Qué es practicar la justicia?

En este pasaje encontramos un resumen de cómo debemos vivir. Caminar humildemente con Dios es conocerlo, estar atentos a sus deseos y a lo que El ama.

Y cómo hacemos esto? Practicando la justicia y amando la misericordia.

En el original hebreo la palabra justicia es “mishpat” y significa tratar a la gente con equidad. La palabra misericordia es “chesedh” que significa la gracia y la compasión incondicional de Dios. Justicia es lo que debemos hacer. Misericordia es la actitud que debemos tener mientras lo hacemos.

Practicar la justicia es cuidar a los más vulnerables.

Es ocuparnos de los huérfanos, los inmigrantes, los pobres y las viudas. Lo que comúnmente se conoce como “el cuarteto de los vulnerables.”

Hacer justicia incluye no sólo corregir lo que está mal, es tener inquietud social y una disposición generosa para estar dispuestos a vivir un estilo de vida más modesto, con tal de ser más generosos con la iglesia y con los pobres. Este tipo de vida refleja el carácter de Dios.

El tema de la Justicia es uno de los mas recurrentes a lo largo de las escrituras.

“Hace justicia al oprimido y da alimento al que tiene hambre.
El Señor libera a los prisioneros. El Señor abre los ojos de los ciegos.
El Señor levanta a los agobiados. El Señor ama a los justos.
El Señor protege a los extranjeros que viven entre nosotros.
Cuida de los huérfanos y las viudas, pero frustra los planes de los perversos”.

Salmos 146:7-9 (NTV)

Jesús, el inmigrante

El hecho de que Jesús viniera a este mundo como un judío galileo es significativo. Dios no se encarna como alguien de la élite religiosa y política de su época, sino que viene al mundo en la periferia de la existencia romana y judía.

Es concebido en el vientre de una mujer joven,  María, que todavía no está casada. Junto a José su prometido, fueron forzados a huir de su ciudad natal hacia una nación vecina como inmigrantes, y así escapar de la persecución y el genocidio. Y, al igual que la mayoría de los inmigrantes, no pudieron encontrar una vivienda adecuada en su momento de transición y crisis, para dar a luz a su hijo.

Simplemente al dar un vistazo al ministerio de Jesús en los Evangelios, vemos en El una preocupación constante por aquellos que son rechazados por el sistema. La viuda, el cojo, el extraño y el pobre parecen ser el objetivo principal de sus encuentros y actividad ministerial.

Cuando ministra a los ricos y a los poderosos, como Zaqueo, parece guiarlos hacia una oportunidad redentora que incluye hacer las cosas bien con los pobres, como una expresión de verdadero arrepentimiento.

Su enseñanza y parábolas también ponen gran énfasis en una correcta comprensión del Reino, en relación con aquellos que están en los márgenes de la sociedad.

Al describir el mandamiento más importante de todos, “amar a Dios y amar a nuestro prójimo”, Él cuenta la historia de un hombre golpeado y lastimado que queda tirado al costado del camino, quien no recibe ayuda de la gente religiosa, pero que recibe amor, bondad y misericordia de parte de un extraño, que es el que demuestra lo que realmente significa amar a nuestro prójimo.

Cuando hagas una fiesta, dijo Jesús, no hagas como la mayoría que sólo invitan a quienes pueden devolverles el favor. En cambio, inviten al forastero, al débil, al quebrantado y al pecador que normalmente no serían invitados a una fiesta. El Reino de Dios es como ese tipo de fiesta, dice Jesús.

En Mateo 25, Jesús nos recuerda que cuando nosotros amamos y nos ocupamos de los pobres, los desprotegidos, los hambrientos y los forasteros, en realidad, lo que estamos haciendo es ocuparnos de Él mismo.

Jesús vive una vida perfecta y sin pecado para la redención del mundo entero, vivió en lugares despreciados, en los márgenes del poder religioso y político, y de lo que se consideraba respetable. Dios permite que su Hijo unigénito sea asesinado y crucificado junto a criminales, para que todos podamos comprender que nadie está más allá de la redención o más allá de la inclusión en su Reino.

Cuando reflexionamos sobre las últimas horas de la vida de Jesús antes de su crucifixión, se destaca la forma en que fue insultado y burlado por las multitudes. La Biblia dice que le lanzaron todo tipo de insultos terribles. Este abuso verbal que sufrió Jesús, está conectado de una manera significativa con el sufrimiento de muchos de nuestros vecinos indocumentados.

Asombra y horroriza escuchar la manera en que muchas veces, son tratados hombres, mujeres y niños. Es verdad que han infringido las leyes para estar en este país, pero también es verdad que, a menudo, han sido contratados, utilizados y abusados​, por los empleadores y un sistema económico que necesitan mano de obra barata.

Son personas en una situación de vulnerabilidad, a las que se insulta, sin tener en cuenta que son seres humanos creados a imagen de Dios. Han venido a este país en busca de un futuro mejor para ellos y sus familia. Personas nobles, trabajadoras.

Es doloroso cuando este maltrato viene de personas que dicen ser seguidores de Jesús.

En la injusta sentencia y condena de Jesús, en los latigazos, en los padecimientos, en los sufrimientos de toda clase de insultos y en su muerte brutal, Su gracia perdonadora y su redención eran para todos, independientemente de la gravedad de las transgresiones y pecados pasados.

Cuando hablamos del amor de Dios por el extranjero, no se trata de una conversación fundamentada en un verso particular extraído aleatoriamente de un texto antiguo, sino de una verdad que está arraigada en toda la revelación de la actividad salvadora de Dios que culmina en la cruz. Esta es, de hecho, buenas noticias para los pobres y para todos los creyentes redimidos por el amor radical de Jesús.

Amigos, tenemos tarea que hacer: amar como amó Jesús. Ocuparnos de los mas vulnerables y de aquellos que están en los margenes de nuestra sociedad.

 

Bibliografía:

Generous Justice by Tim Keller

The Passion of Christ and the Plight of our Undocumented Neighbors, by Noel Castellanos