Está en nuestro ADN. Fuimos creados para solucionar problemas. Con frecuencia comparto con la gente que la iglesia local es la mejor idea de Dios y que cada uno de los que formamos parte de ella somos la respuesta de Dios a las problemáticas de nuestra sociedad.

Hemos sido llamados por Dios, no solo para arreglar lo que no funciona, sino también para crear lo que no existe y hacer nuestra contribución para un mundo mejor.

Es trágico que en la iglesia pensemos que la salida a cada problema es el retorno del Señor, el juicio de Dios y el rapto de la iglesia. Subestimamos el sacrificio de Cristo cuando pensamos así. Su comisión para nosotros es la de infiltrar la cultura y la tierra con su poder y su presencia. Y este propósito, debe ser manifestado por nosotros desde una posición de servidores y contribuyentes.

Tenemos permiso para estar en la tierra durante un periodo determinado de tiempo para ser contribuyentes al bienestar de la sociedad.

Fuimos creados para funcionar en medio de problemas, para brillar en medio de la oscuridad, para afectar cómo vive la gente, cómo es educada la gente, cómo piensa la gente, cómo se escribe la música, cómo se realiza la política, cómo se transforma la sociedad y muchas cosas más.

Los misterios de Dios esperan por ti

Mateo 13:11  «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos…»

Dios quiere revelarnos los misterios o secretos escondidos, que si parte de esos secretos tienen que ver con nuevas teorías científicas, soluciones médicas, melodías, nuevas estrategias de educación, diseños, negocios, tecnologías, resolución a conflictos y problemas entre países, o entre personas, etc.

Hemos sido pensados por Dios como un regalo a nuestra generación. Hay situaciones y problemas que nos están esperando a nosotros para ser resueltos. Somos la respuesta de Dios para nuestra época.

Seamos productivos. Enfoquemos nuestras habilidades, asignación de vida, dones y fortalezas en contribuir con ellas para el beneficio de otros.

Hace un tiempo estaba dando una conferencia en la Universidad de Texas en Arlington hablando acerca de estas cosas, y al finalizar, se acercó un estudiante y me dijo que tenía un llamado de Dios a servirle, y que su gran pasión era la arquitectura. Me contaba que estaba lidiando en conciliar estas dos cosas. Mientras escuchaba la conferencia, descubrió que podía utilizar su carrera, como una herramienta de transformación. Me dijo que le vino la idea de construir casas de bajo presupuesto para ser edificadas en países subdesarrollados con escasos recursos. Pudo hacer la conexión entre su pasión y su llamado.

Podemos servir a Dios, también con nuestra profesión, mientras traemos soluciones a las problemáticas sociales a nuestro alrededor.

Dios bendice a quienes son generosos y ponen el servicio a los demás como una prioridad en sus vidas.

Evita las distracciones

No gastes tu energía en situaciones que no contribuyen al beneficio de los que están a tu alrededor. Los temores, la crítica y el miedo al que dirán pueden frenarte y paralizarte.

Nuestra fuerza emocional se drena tratando de agradar a los demás y como consecuencia, dejamos de ser creativos y de enfocarnos en contribuir.

Evita que la envidia, el miedo, los celos y el enojo te roben tu momento en la vida de contribuir a tu generación.

Cuando apagamos el «switch» de estas cosas malas, nos volvemos personas productivas, creativas y con ideas ocurrentes. Dejamos de ser parte del problema y nos convertimos en parte de la solución.

Sé tu mejor versión

Uno de los mayores remordimientos de las personas al final de sus vidas, es haber malgastado sus días tratando de ser lo que otras personas querían que fueran, en lugar de haber sido la fuerza creativa que Dios pensó que ellos fuesen. Al final de nuestros días, nos arrepentiremos de los riesgos que no tomamos, las oportunidades que no aprovechamos y las experiencias que nos perdimos a causa del miedo.

Tú no eres un joven más. No hay nadie en este mundo igual a ti. Posees características exclusivas en tu ADN, y cuentas con los cromosomas necesarios para ser exactamente la persona que Dios quería que fueras. Eres incalculablemente único y por esa razón, debes aceptarte a ti mismo y dejar a un lado las imitaciones y comparaciones que solo traerán frustración.

La decisión de ser la mejor versión de ti mismo es a la que te enfrentas todos los días de tu vida: puedes escoger entre fingir ser alguien más o decidir ser quien Dios dice que eres.

Recuerda que no irás a ningún lugar por accidente. Donde sea que vayas Dios te está enviando; donde sea que estés Dios te ha puesto allí. Levántate y brilla. (Isaías 60:1).