“Los ha llenado de gran sabiduría para realizar toda clase de artesanías, diseños y recamados en lana púrpura, carmesí y escarlata, y lino. Son expertos tejedores y hábiles artesanos en toda clase de labores y diseños”. Éxodo 35:35

Seamos inclusivos
Demos participación a los jóvenes en la planificación y organización de las diferentes actividades de la iglesia. Que la estructura de nuestro ministerio contribuya al crecimiento y al desarrollo de cada individuo, siempre con límites saludables. Incorporemos permanentemente a nuestros equipos a voluntarios jóvenes que puedan aportar de sus dones y habilidades. Promovamos la participación de nuestros jóvenes en actividades que les desafíen y en donde ellos puedan descubrir lo que les apasiona, sus cualidades y las características que los definen en su unicidad.

Una atmósfera propicia
Generemos en nuestros grupos una atmósfera de alegría y distensión en donde se promueva las implementación de nuevas ideas y apertura a los cambios. Ofrezcamos siempre reconocimiento a las nuevas ideas y recompensas si la idea lo merece. Celebremos la creatividad y capacidad inventiva de nuestros jóvenes.

Utilicemos las limitaciones
Las limitaciones que tenemos pueden ser una gran fuente de recursos para la innovación. El cambiar nuestra forma de ver las cosas puede ayudarnos a ir desde el “no se puede porque…” al “¿qué tal si lo intentamos y averiguamos si es posible?”. Necesitamos llevar a nuestros jóvenes más allá de los obstáculos y las limitaciones  e inspirarlos a nuevas formas de hacer las cosas.

Involucra su imaginación mediante la estimulación del hemisferio derecho de su cerebro.
Expón a los jóvenes a diferentes expresiones artísticas como películas, teatro, buena literatura o videos inspiradores en Ted.org. Y para conseguir que ellos se expresen, utiliza imágenes, música o historias que les hagan usar su imaginación; elementos que disparen su hemisferio derecho. Este tipo de estimulación es útil porque hay imágenes que valen más que mil palabras. Este es un modo de provocar conversaciones sobre temas de importancia.

Desarrolla la habilidad de resolver problemas.
Una maestra les pidió a sus estudiantes que escriban en una hoja problemas que ven alrededor del mundo y que les preocupan. Ella llenó el frasco con esas hojas y lo llevó a sus clases de la universidad. Cada vez que los estudiantes universitarios terminan con sus tareas y tienen tiempo libre, les pide que tomen una de esas hojas del frasco y que propongan ideas para solucionar ese problema. En lugar de quejas y excusas, los estudiantes desarrollan el hábito de resolver problemas y maneras de pensar en soluciones.

Comienza con proyectos seguros.
Al principio, permite que los jóvenes se familiaricen con el fracaso, asignándoles algo que no tendrá mayores consecuencias si llegan a fallar en ello. Es algo así como dejarles manejar bicicleta pero con las rueditas de auxilio.

Comunica un mensaje diferente.
Hazles saber que el fracaso no es definitivo ni fatal. Diles que esperas que ellos intenten cosas nuevas, y que también fallen a lo largo del camino. Aquellas cosas que no salen como esperamos son consideradas como parte del proceso. Que los jóvenes puedan aprender a tomar riesgos sabiendo que los fracasos no serán tomados como definitivos ni serán un impedimento para probar otras formas de intentarlo.

Tomado de: “Lo que todo líder debe saber de sus jóvenes” Especialidades Juveniles/Editorial Vida.